Errores que casi todos cometemos al preparar una oposición (y cómo evitarlos)
Los errores más comunes al preparar una oposición no son estudiar poco, sino estudiar sin método: avanzar sin consolidar, dejar la práctica para el final, no simular con tiempo real y no analizar fallos. En esta guía tienes 9 errores típicos y una acción concreta para corregir cada uno
1. Confundir estudiar con pasar horas delante del temario
Uno de los errores más habituales es medir el progreso en horas y no en resultados. Estar ocho horas con el temario abierto no significa haber aprendido. A veces se lee, se subraya y se pasa página, pero al día siguiente no se recuerda casi nada. El estudio útil es el que deja huella: el que obliga a entender, a resumir, a escribir y a equivocarse. Menos horas bien trabajadas valen más que muchas horas poco exigentes.
2. Avanzar sin consolidar lo anterior
Otro fallo frecuente es seguir avanzando por la sensación de “ir tarde”. Se estudian temas nuevos sin haber asentado los anteriores, lo que provoca una acumulación de lagunas que luego cuesta muchísimo cerrar. El resultado es frustrante: se tiene la impresión de haber estudiado mucho, pero al repasar todo se mezcla y se olvida. Sin un sistema de repasos, el temario no se fija.
3. Dejar los exámenes y los casos prácticos para el final
Muchos opositores centran meses enteros solo en teoría y posponen la práctica. Esto genera una falsa seguridad. El día que se enfrentan a un examen real o a un caso práctico descubren que saber el contenido no es suficiente: hay que saber aplicarlo, estructurarlo y hacerlo en tiempo. Practicar desde fases tempranas permite detectar carencias, ganar soltura y ajustar el estudio a lo que realmente se pide.
Contar con un preparador que, durante la preparación más teórica de los primeros exámenes te plantee supuestos prácticos o incluso ejemplos profesionales, ayuda mucho a que se pueda entender la teoría desde un punto de vista más práctico y realista.
4. No entrenar con tiempos ni condiciones reales
Estudiar sin reloj es cómodo, pero engañoso. En el examen hay tiempo limitado, presión y cansancio. Si nunca se entrena así, el golpe el día de la prueba es duro. Medir tiempos, escribir a mano, simular exámenes completos y corregirlos con criterio es parte del estudio, no un extra opcional.
5. Estudiar siempre lo que resulta más fácil
Es muy tentador repetir los temas que ya se dominan y evitar los más densos o incómodos. Esto da sensación de control, pero no mejora el nivel real. El progreso suele estar justo en lo que más cuesta: en ese tema que se resiste, en ese esquema que no sale, en ese caso práctico que se corrige mal. Huir de ahí retrasa el avance.
6. No analizar los errores
Suspender un examen, fallar un caso o recibir una mala corrección no sirve de nada si no se entiende el porqué. Muchos opositores corrigen de forma pasiva, sin sacar conclusiones. Analizar los errores, clasificarlos y volver sobre ellos es una de las herramientas más potentes para mejorar resultados.
7. Compararte constantemente con otros
Ver lo que hacen otros opositores puede generar ansiedad y sensación de inferioridad. Cada persona tiene su ritmo, su punto de partida y su contexto. Compararte no te hace estudiar mejor ni más eficazmente. Mirar solo tus propios avances y dificultades es mucho más productivo.
8. Subestimar la importancia de un buen preparador
Uno de los errores más silenciosos es pensar que el preparador es solo alguien que “manda deberes” o corrige exámenes. Un buen preparador es una guía: marca el ritmo, detecta fallos que tú no ves, ajusta el estudio a la realidad del examen y te ahorra meses de ensayo y error.
Contar con un preparador con experiencia evita desvíos, falsas seguridades y métodos poco eficaces. No se trata de que estudie por ti, sino de que te ayude a estudiar mejor, con criterio y con estrategia.
9. Pensar que el desgaste es señal de que algo va mal
La oposición es larga y exigente. El cansancio, la duda y los momentos de bajón forman parte del proceso. El problema no es sentirlos, sino no saber gestionarlos. Ajustar el ritmo, revisar el método y apoyarse en una buena planificación (y en un buen preparador) ayuda a seguir avanzando sin romperse.
Conclusión
La mayoría de los errores en una oposición no tienen que ver con la falta de capacidad, sino con decisiones mal enfocadas y métodos poco ajustados al examen real. Corregirlos a tiempo no garantiza aprobar, pero sí aumenta de forma clara las posibilidades de llegar con más seguridad, más control y menos desgaste. Opositar no va de resistir a ciegas, sino de avanzar con cabeza.
